SOCIEDAD: ¿Puedo Perder El Trabajo Por Tener Tatuajes?

Las modificaciones corporales continúan afectando a nivel laboral, pero la incidencia varía en función del sector


La moda de los tatuajes en España es más reciente de lo que parece. De hecho, hace 25 años no existía en nuestro país ni un solo establecimiento dedicado a tintar la piel. Estudios que, sin embargo, hoy en día se multiplican por toda la geografía española. Seguro que alguno de sus amigos, conocidos, familiares, o usted mismo, tiene un tatuaje. Según estimaciones de la Academia Española de Dermatología, uno de cada tres españoles de entre 18 y 35 años lo tiene. Y en Estados Unidos, según el centro de investigaciones, Pew Research, un 23% de los residentes en el gran país cuenta con al menos un tatuaje en su piel.



Al igual que los «piercings» y otras modificaciones corporales, los tatuajes son un producto relativamente novedoso, que aterrizó en España de la mano de ídolos de masas. Referentes como George Clooney, y su personaje de Seth Gecko en «Abierto hasta el amanecer» o el futbolista David Beckham fueron pioneros de una moda que llegó para quedarse y que se preserva a lo grande con modelos sociales como la cantante Rihanna, el futbolista Sergio Ramos o el actor Johnny Depp, entre muchos otros. Un concepto históricamente relacionado con estereotipos, a menudo de lo más nocivos, pero cuya percepción ha ido variando con el paso de los años. A día de hoy, estas modificaciones son vistas como algo normal para la sociedad, e incluso valoradas de manera muy positiva por ciertos «lobbys», en especial los más jóvenes. La propia Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, tiene varios tatuajes. Sin embargo, ¿pueden ayudar o perjudicar estas modificaciones estéticas a la hora de encontrar un empleo?

José Luis García es un joven madrileño de 24 años que presenta varias y diversas marcas de tinta a lo largo de todo su cuerpo. Está estudiando Ciencias de la Actividad Física y Deportiva y hace unos meses acudió a un gimnasio para hacer una entrevista de trabajo. Su primera toma de contacto con el encargado fue «muy buena». Era invierno y José Luis iba con sudadera, por lo que sus tatuajes no estaban expuestos a la luz, pero viendo la impresión tan positiva que parecía causar en su interlocutor, estaba convencido de que le darían el trabajo. Finalizando la entrevista, y cuando ya habían hablado de todas las condiciones, el joven le hizo una pregunta final. «Oiga, tengo una última duda. Yo tengo varios tatuajes en mi cuerpo, uno de ellos en un antebrazo que se ve bastante. ¿Ocurre algo por ello?».

La importancia de la imagen
El rostro del entrevistador cambió de repente. Le pidió a José Luis que se descubriera el brazo, y cuando vio el tatuaje en cuestión, le dijo que, de ser contratado, se lo tendría que tapar. «No nos gusta que nuestros empleados tengan esas cosas», le dijo. El chico accedió, aunque en un gimnasio al que opositaba para acudir como monitor de sala, lo de cubrir sus tatuajes sería una tarea complicada, en especial por el calor. Aunque finalmente, no le dieron el trabajo. «Me sentí totalmente discriminado. Se habla muy poco de ello, pero me pareció muy duro el hecho de que no me den la oportunidad únicamente por tener un tatuaje, como si fuera un delincuente o algo por el estilo», sentencia a ABC.

Algo parecido le sucedió a Macarena Morell, otra mujer que trabajaba en un comedor infantil. «Tengo un pequeño tatuaje, muy discreto, en mi mano derecha. Yo servía la comida a los niños, pero llevaba el dibujo siempre cubierto. Pero aún así, un día mi jefe me obligó a tapármelo», señala. «Por desgracia, los tatuajes influyen en el trabajo. No solo al encontrarlo, sino también cuando ya estás dentro, salvo que trabajes en una tienda alternativa», señala.

Estos problemas en términos laborales han llevado a muchas personas tatuadas a plantearse su futuro. Y en concreto, a separar de sus vidas y sus pieles aquello que un día se imprimieron. «He llegado a pensar en quitarme los tatuajes por cosas como esta», explica José Luis. «Aunque el final es algo que me hice porque me apetecía, y el único dueño de mi vida soy yo», prosigue. Sin embargo, muchos llevan el pensamiento de José Luis a términos reales. Lo explica la doctora María Ángeles López Marín, directora del Centro Médico Rusiñol, que entre otras cosas está especializado en la eliminación de tatuajes. «A nuestra clínica viene mucha gente a quitarse tatuajes por cuestiones de trabajo, en especial en los antebrazos, las manos y el cuello», comenta a este medio. Se trata de un proceso no muy complicado, pero que sí precisa de varias sesiones y que es bastante costoso. «Tiene su lógica. Numerosas empresas le dan mucha importancia a ese factor en sus empleados, por lo que es normal que éstos quieran quitarse los tatuajes. Además, son modificaciones por las que puede identificarse a una persona, y eso tampoco es bueno», asevera.

Lo mismo sucede con los «piercings». «La gente nos pregunta a menudo por el tiempo que tienen que estar con los pendientes medicinales —que no se pueden quitar hasta que pase un tiempo determinado para evitar infecciones—, porque no quieren que se los vean en el trabajo y así no tener problemas», atestigua por su parte Berta Bernad, del estudio de tatuajes Tinta Al Alma. «En especial, sucede con los trabajadores de hostelería», añade.

Variaciones en función del sector
La hostelería es un ámbito que también ha sido sondeado por ABC. José Luis Llanas, director de recursos humanos del madrileño mesón «Txistu», explica al otro lado del teléfono que los tatuajes y «piercings» también influyen a la hora de entrar a trabajar en su restaurante. «Especialmente si son vistosos», recalca. «Sobre todo, por los clientes y por la imagen del local, que es algo que no podemos descuidar y tenemos que preservar a toda costa».

Esa necesidad de crear una buena imagen en los clientes es también imprescindible en otros campos, como la sanidad. «Decir que las modificaciones corporales no influyen a la hora de contratar a un profesional, tanto médico como no, sería engañarnos», afirma por su parte Florentino Díez Andrés, director de recursos humanos del grupo HM Hospitales. «En nuestro entorno, trabajamos con personas que en muchos casos están en situaciones muy delicadas, por lo que debemos ser muy cuidadosos con la imagen que tenemos y trasmitimos», refiere. En ese sentido, manifiesta que «muchas personas pueden sentirse incómodas por determinadas muestras corporales, por mucho que formen parte» de las vidas de los españoles ya como algo habitual.

En cuanto al sector bancario, ocurre algo similar. «La manera de vestir influye mucho al encontrar un empleo en nuestro campo. Los empleados deben ir siempre con chaqueta, a cualquier hora y bajo cualquier temperatura. Es impensable que lleven algún «piercing» o tatuaje a la vista», recalcan desde la sección de banca y bolsa del sindicato CGT. «Aunque las modificaciones estéticas están condicionadas en función del trabajo y el sector», agregan.

En el ámbito de la educación, en constante reinvención, estas modificaciones suponen otro factor a tener en cuenta, aunque no de manera tan rotunda como en otras áreas. Así lo acentúa Ana Carreras, directora técnica de ESO y Bachillerato del Colegio Altamira de Madrid, que considera que la incidencia de los «piercings» y tatuajes en su campo dependen «de lo llamativos que sean». «No es algo determinante, pero incide y es importante. Aquí tenemos profesores que tienen tatuajes. No voy a dejar de contratar a una persona bien cualificada por tener uno. Pero en igualdad de condiciones, entre un profesor tatuado y otro sin tatuar con la misma formación, contrataría al no tatuado», enfatiza, al tiempo que recalca la percepción de la imagen. «Los tatuajes hablan de la personalidad de todo el mundo. Forman parte de su esencia y su aspecto. El lenguaje no verbal es fundamental», señala Carreras. «Pero de igual manera que influyen las modificaciones corporales en este sentido, lo hace que profesores vengan vestidos con ropa que les confiera un aspecto más plástico, rígido y anticuado, algo que no va con la educación de hoy en día. Es importante dar una buena imagen a niños y padres», reseña.

Ámbitos más permisivos
Con niños y padres también actúan en clubes deportivos, que también tienen una incidencia trascendental en la educación de los más pequeños, aunque de manera más lúdica. En el Club Deportivo Leganés, cuyo primer equipo milita en Primera División, la presencia de tatuajes no está reñida con poder trabajar allí. «Aquí no influye para nada», comenta a ABC Jorge Broto, el director de cantera y fútbol base del conjunto del sur de Madrid. «Valoramos mucho más que un entrenador se haya labrado un buen currículum deportivo a que tenga o no un tatuaje», asegura.

Pero, ¿qué diferencia de percepción en este sentido puede existir entre un colegio y un club deportivo, si tanto profesores como entrenadores están igual de acostumbrados a trabajar con niños —y a educarles—? «Preservar la imagen es fundamental, pero la sociedad sigue atrasada en varios aspectos y muchas personas asocian los tatuajes con personalidades delictivas. Yo no comparto ese punto de vista», advierte. «Ahora es más sencillo para una persona tatuada encontrar un trabajo que lo que era antes. Hace años la estética era mucho más determinante, pero ahora no contrataría a una persona completamente tatuada para trabajar en nuestra escuela infantil», explica por su parte Ana Carreras.

Lo que le sucedió a José Luis, que se quedó sin ser contratado en un gimnasio por sus tatuajes, no le hubiera ocurrido en otros centros, como el Holmes Place Palacio de Hielo, cuyo director, Miguel González, explica a ABC que estas modificaciones «no influyen para nada» para optar a un contrato laboral, «salvo que sean ofensivas o políticamente incorrectas». Con los «piercings», argumenta que la cosa cambia, «por cuestiones de seguridad y también de imagen». «Hace unos años, todas estas modificaciones sí que se tenían en cuenta, pero ha habido una gran evolución en este sentido. Los tatuajes y los «piercings» están hoy bastante asumidos e interiorizados por la sociedad», rubrica González.


Tomando todo ello en consideración, se puede concluir que la presencia o no de los tatuajes a la hora de encontrar un empleo tiene incidencia en función del sector al que se oposite y de las condiciones específicas de cada puesto de trabajo, aunque en la mayoría de ellos se conciben estas modificaciones como algo cada vez más integrado en la sociedad, pero que sigue teniendo importancia a la hora de preservar una buena imagen que permita acceder a un contrato. En ámbitos como la banca o la sanidad, este factor presenta una importancia capital, mayor que la que tiene en otros, como los más relacionados con la educación y los más jóvenes. De un modo u otro, lo único claro en este aspecto es que la incidencia de los tatuajes en la sociedad actual es cada vez mayor y que no parece, ni de lejos, una moda que vaya a frenarse de un día a otro.